Archivos mensuales: julio 2017

Shockaholic: familia, fama y pies de foto – #AdoptaUnaAutora

Este post forma parte del proyecto conjunto Adopta una autora.

El electroshock da título al segundo volumen de memorias de Carrie Fisher, Shockaholic, que deriva en una reflexión sobre la familia. Wishful Drinking tiene como estrella invitada a su madre. Shockaholic acaba teniendo todo que ver con su padre, que había muerto poco antes. Se trata de un texto pequeño, de poco más de 150 páginas, que ha pasado un tanto inadvertido entre el anterior y The Princess Diarist, su última obra.

Quizá porque Shockaholic acusa un punto de enorme amargura: la muerte de su amigo Gregory Stevens abre el libro, catalizando una crisis emocional definitiva, que deviene en una decisión también definitiva: cambiar el tratamiento de psicótropos por la electroconvulsión. Shockaholic es un libro de memorias sobre el sacrificio de la propia memoria. Perder una parte importante de recuerdos y ganar una masa importante de kilos, con el deterioro consecuente de autoestima. El porqué, su hija Billie Lourd, apenas una adolescente entonces. Si en el volumen anterior nos quedó claro cuánto adoraba Carrie Fisher a su madre, le debemos a su hija decisiones (y prosa) como esa.

Billie Lourd Shockaholic Carrie Fisher

 

Carrie Fisher se hace eco de la paradoja del payaso (sal de este post ahora mismo y lee el enlace anterior). Convertir el sufrimiento y la locura en comedia. Pero la comedia lo que tiene es que se acaba, y la locura no lo hace necesariamente cuando se vacía el escenario. Sin embargo, ella pudo con ello; o pudo lo bastante como para armar un volumen realmente hilarante a partir de aquí. Carrie Fisher era guionista, pero supo en qué momento pasarse las convenciones estructurales de los tres actos por el forro y tomar un atajo para narrar sus desventuras bajo los electrodos y todo el proceso posterior. Por el camino la muerte sigue acechando, pero al fin y al cabo todos nos tenemos que morir, ¿no?

No hay en Shockaholic un hilo narrativo propiamente dicho: sí hay reflexión, encuentros, pequeños recorridos personales junto a personas que comparten vivencias, ya sea la parte agridulce de la fama, la enfermedad o los vínculos familiares. El trayecto va parando por los pies de foto más descacharrantes que ilustrarán nunca unas Memorias:

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Tema de portada de una revista con detalles para vivir plenamente tu vida, además de varias recetas de ternera lechal

Shockaholic recapitula las más surrealistas escenas que anticipaba Wishful Drinking: infancia marcada por el entorno de Hollywood (fama total primero, fama en declive después); matrimonios de ir y venir, portadas del cotilleo, y un amor indestructible por su madre y su hermano. Tan indestructible que podía redimir a cuantos pasaron por sus vidas, no siempre para bien. Nos cuenta que no tenía más de 20 años cuando llamó a su ex padrastro por teléfono, desde Londres, completamente borracha, para decirle que por cutre y pedorro que fuera, al fin y al cabo no era un mal tipo y que todo bien. El hombre murió a los pocos días.

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Mapa de de senderismo de Singapur, empoderando a la comunidad local en su desarrollo sostenible

Uno de los logros de Shockaholic es su uso de la ironía. No construye desde la literatura testimonial, pero tampoco desde el sarcasmo que florecía en Wishful Drinking. Carrie Fisher va más allá de reírse de las portadas de Photoplay: encuentra en ellas la oportunidad para mirar hacia su infancia con ternura. No es para menos: gracias a esa infancia es una de las pocas personas que puede presumir de cómo Liz Taylor la tiró a una piscina.

Y hablando de Liz Taylor, de repente aparece él.

Shockaholic_Michael_Jackson
El presidente Truman jugando al golf en la isla de Kailua, Hawaii. Junio de 1911

¿Por qué Michael Jackson aparece en Shockaholic? Si hemos aprobado Primero de Famoseo nos será muy sencillo entender que Carrie Fisher > Eddie Fisher > Liz Taylor > MICHAEL. O también que Carrie Fisher > Dentista > MICHAEL. Y además de esa relación de amistad periférica, Michael Jackson acababa de morir. Recordemos, hay unos cuantos amigos muertos en estas páginas.

En cualquier otra todo esto habría servido para hacer una honda reflexión al respecto de lo destructiva y cruel que puede ser la industria del espectáculo, o las drogas legales, o la locura o todo junto. Cosas que están ahí, en subtexto. Pero no para el Michael Jackson que invitaba a Carrie Fisher y su familia a merendar o a su casa de vacaciones. Ella lo aprovecha con valentía para contarnos uno de esos aspectos agrios del famoseo, los parásitos: dentistas, como en este caso, dispuestos a cualquier cosa para ser los amigos de las estrellas. Habitaciones a oscuras para escuchar música y escucharse un poco a uno mismo. Hijos bien criados, a pesar del escenario irreal en el que viven. Niños amados y felices, como lo fue ella misma; como quiere que lo sea su hija.

Resulta especialmente valeroso y emotivo elegir esta figura para exponer el problema, más tratándose del episodio más oscuro de la vida de Jackson. Pero estamos hablando de Carrie Fisher: aquí los arrestos se presuponen. Y además, se podía llevar los jabones de recuerdo de Neverland a casa para enseñárselos a sus amigas.


La muerte de Michael Jackson nos ayuda a llegar a otra muerte, la definitiva, la que da sentido a toda la narración.

Eddie Fisher ocupa gran parte de las páginas de Shockaholic, como Debbie Reynolds ocupaba las de Wishful Driking. Si ésta era la confidente, la vecina, la voz de la razón, la presencia constante en la vida de la autora, Fisher es un personaje en construcción. Pasa de padre ausente a abuelo rijoso. De visitante ocasional y embaucador a anciano dependiente. ¿Pero qué vas a hacer si conservaba el encanto? Pues embaucarte.

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Carrie y Eddie Fisher, dichosamente inadvertidos del hundimiento del matrimonio del presidente noruego Sven Migdorf, que se produciría pocas horas después

El último tercio del libro está dedicado casi íntegramente a su padre. Es un momento de aceptación. Fisher asume que su vida es la que es, como su enfermedad es la que es, y lo mismo ocurre con ese hombre encantador, rodeado de enfermeras orientales a las que hacer comentarios picantes; vanidoso, operadísimo, enamorado de sí mismo hasta las trancas. Regalos a destiempo a hijas y nietas. Otra llamada de teléfono borracha, y vejez compartida porque al fin y al cabo, joder, qué le vas a hacer, es tu padre y es el abuelo de tu hija y el tipo no tiene mal fondo. Y no se va a morir solo.

Eddie Fisher porro Carrie Fisher Shockaholic
En el funeral de Bette Davis

Y al final Eddie Fisher se muere, ajeno a la fama, mirando al mar. Un jubilado en la Costa Oeste con algunos vicios, querido, perdonado y cuidado. Carrie Fisher murió años después, rodeada de los suyos, por Gary, querida y cuidada, velada por todos nosotros. Pero en ese margen aún le quedaban bastantes cosas por escribir.

Ms. Marvel, musulmana Inhumana – #adoptaunaautora

Este post forma parte del proyecto conjunto Adopta una autora.

Tratad bien a las mujeres.

(Profeta Muhammad, últimas palabras)

Sucedió no hace mucho. Al parecer, bastantes señores a cargo de tiendas de cómics se quejaron de que sus clientes habituales estaban hartos de diversidad. De mujeres, de negros, de gays o lesbianas. Se quejaron fuerte ante el jefe de ventas de Marvel, que a su vez llevó su queja a los medios especializados.

"¿Colijo por su canción que no quiere venderme Ms Marvel?
“¿Colijo por su canción que no quiere venderme Ms Marvel?

Se lió parda, claro. Marvel tardó un milisegundo en hacer pública la aclaración: apostaban fuerte por Thor, Miles Morales o Sam Wilson. Citada casi al margen quedaba Ms. Marvel, una serie que se ha llevado varios récords de ventas y ocho premios; pero para el imaginario marvelero, para esos señores de las tiendas de tebeos, Nueva Jersey queda muy lejos de Manhattan. O al menos eso parecía hasta que Tony Stark se fijó en una chavala que pasaba por ahí.

El camino difícil

Marvel quería una chica. Ya tenía dos heroínas musulmanas (cómo no, mutantes) pero ninguna protagoniza su serie. Llamaron a Willow Wilson. Ésta podría haber elegido un camino más transitable para su pitch: otra mutante, cuyas series han sido durante años el terreno donde explorar los significados de minoría. Sabía que la estaban observando, de modo que decidió subir la apuesta.

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No cayó muy lejos, ya que Ms. Marvel se ha alineado con los Inhumanos. Kamala Khan nació en Jersey City, a unos pocos kilómetros del cuartel de los Vengadores. Tiene 16 años y escribe fanfics. Va al instituto y cuando sufre de mal de amores se atraca a perritos calientes en un puesto de su barrio. Su condición de diferente va mucho más allá de ser hija de pakistaníes o acudir a la mezquita todos los viernes a cabrearse con su sheij. En el fondo, apenas hay novedad en todo esto: mucho de lo que se lee en los primeros números de Ms. Marvel recuerdan las desventuras personales del Peter Parker clásico o de Kitty Pride. El órdago de Willow Wilson ha sido subir a la trama principal las situaciones, alegrías y conflictos que vivimos todas las musulmanas nativas del Occidente post Choque de Civilizaciones. Y aunque en realidad ese compromiso ha sido un distintivo de las historias Marvel desde siempre, Wilson ha logrado que las lectoras de Ms. Marvel aprendan a la vez sobre la Niebla Terrígena y por qué necesitamos recuperar nuestro papel de líderes en las mezquitas.

Lo cierto es que no solamente ha logrado introducir contenidos relativos a la comunidad musulmana, sino que la respuesta ha sido favorable. Los lectores quieren más. Los personajes secundarios de Ms. Marvel tienen sus propias tramas y nos interesan. La historia de Ms. Marvel es la historia de varios personajes femeninos, a través de los cuales Wilson nos recuerda que no hay un Islam, sino tantos como musulmanes somos.

Nakia, Muniba y Tyesha

Para ello creó a Nakia Bahadir. Es la mejor amiga de Kamala, feminista islámica y hijabi política. Nakia es, probablemente, uno de los mayores logros de Wilson en Ms. Marvel. Cuando Kamala tiene dudas, o se abruma por lo complicada que es su vida, Nakia toma a su cargo la reivindicación política. Gracias a Nakia hemos podido leer hadices del Profeta Muhammad (la paz sea con él) en los cómics que la vanguardia ideológica de las Plataformas europeas contra la islamofobia nunca leerán.

Wilson aprovecha a sus personajes femeninos para recordar a las lectoras que nada es exactamente lo que parece: Kamala no es la heroína musulmana (TM) porque está rodeada de héroes y de musulmanes. Algunos con poderes y otros no. Algunos muy religiosos y otros haciendo lo que pueden. Nakia lleva su hijab política y simbólicamente, mientras Kamala se hace un uniforme con un burkini que jamás llevó a la playa.

Wilson sabía que no podía dejar a Kamala sola explicándonos a todos qué es ser una joven islamoamericana. Así que Tyesha Hillman se convirtió al Islam para echarles una mano a ella y a Nakia. Bajo su largo khimar esta joven afroamericana lee Dune y enfrenta a su manera su propia Jihad. Porque si la islamofobia aparece en la quinta viñeta del cómic, el desprecio a los afroamericanos, más si son conversos, no tarda en aparecer. Estamos en Marvel: no todos los villanos tienen poderes.

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Tyesha es otra elección valiente, otra carta del órdago de Wilson (cada vez estoy menos segura de si lo lanzó a la editorial o a los lectores). Es una musulmana conversa y conservadora, que ha adoptado la vestimenta más tradicional y acude asiduamente a la mezquita. Cuando la mayoría nos encontramos con esas mujeres, incluidas las propias musulmanas “progresistas”, es difícil ver a nuestras hermanas como seres humanos complejos con aficiones, vocación, dudas y personalidad propia. Además Tyesha es capaz de meter en vereda a Amir, el hermano mayor y muy carca de Kamala.

Muneeba es la madre de Ms. Marvel, y tampoco es quien imaginamos que es. Existe un Islam conservador, nos dice Wilson, pero éste está formado por seres humanos, como Muneeba Khan, que al final de cada día esperan que sus hijas lleguen a casa de una pieza, sea cual sea el villano que les ha tocado enfrente. A veces el Inventor, otras un novio hipócrita y machista… y además supervillano. Por encima de todo reza por el bien de sus hijos. Porque en Ms Marvel (como en Daredevil) se reza.

Jersey City

En Daredevil se reza. En Ms. Marvel también. No recuerdo quién bautizó a Daredevil y héroes similares como los callejeros, en contraposición a los Vengadores que juegan contra los malos más gordos. Es una frase de Lobezno, que no sé si obedece a un concepto editorial.

En cualquier caso, hay mucho de callejero en Ms. Marvel, empezando por la genialidad de situar su historia en Jersey City. Willow Wilson es de Colorado. Kamala Khan de Nueva Jersey: lugares lo bastante mestizos para hacer la historia creíble pero carentes de aura cosmopolita. La degradación urbana y la gentrificación son un tema clave de sus historias, como lo fueron en el Daredevil de Ann Nocenti.
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Otra de las subtramas que Wilson utiliza es el abandono de los adolescentes. Frente al río hay un Manhattan cada vez más rico mientras en Jersey City cada vez más chavales se quedan fuera del sistema. Bruno, el mejor-amigo-pero de Kamala, ha estado a punto de sufrirlo. Amir, el hermano de Kamala, coquetea con el extremismo por falta de expectativas de vida. En este momento, Kamala está creciendo y el buen rollo con los Vengadores más jóvenes la está alejando de sus amigos. Un drama en toda regla, más aún que guerras civiles y meteoritos por venir.

En medio de todo esto, los vecinos de los Khan se las apañan para seguir disfrutando de la vida. Ms. Marvel está cobrando cada vez más notoriedad y es de esperar que Wilson la siga escribiendo. Con ella seguiremos leyendo sobre nosotras mismas.